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| Más allá de las sombras |
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Ascendíamos el curso del río Deben, serpenteando entre vegetación y pedruscos; los habitantes nos habían indicado cómo llegar a un lugar llamado “Sutton Hoo”. No solían acercarse mucho por la zona, si bien algún pastor de ovejas aseguraba que hasta allí moraban las brujas para celebrar ritos paganos relacionados con el diablo.
Ahora que ya estábamos muy cerca, podían escucharse cánticos y ver la luz que desprendían varias hogueras… Asomamos las cabezas entre los matorrales y vimos varias siluetas danzando alrededor de los fuegos: debía haber unas 40 personas allí, pero de entre todas ellas destacaba una sola figura que no bailaba y sobre la que parecía girar todo el ritual, observándolo con satisfacción. Sobre él parecían converger todas las sombras proyectadas por las llamas, pues su color era negro como el carbón.
Podía tratarse de… ? no, no podía ser él…
Salimos de nuestro escondite armas en mano, dispuestos a terminar con aquella danza macabra, unos cuantos sectarios drogados y en trance no supondrían un problema. Después de que cayera el primero de ellos, la mayoría se daría a la fuga, así que había que centrarse en aquel extraño hombre negro.
Algunos sectarios empezaban a correr hacia nosotros gritando como locos, pero entre toda aquella marea de gente, él caminaba o más bien se deslizaba, mirándonos como diciendo “Para qué venís a molestar…” y empezó a sonreír mientras canturreaba, adoptando una mueca de satisfacción que empezó a crisparme los nervios. Y esa mirada, de una inteligencia muy superior, esa maldita mirada…
Oí los primeros disparos y tres sectarios cayeron al suelo mientras el resto seguía corriendo a nuestro encuentro. De pronto, el brazo que sostenía la escopeta de Randers se ennegreció y consumió, el grito de Norris hizo que me girara para ver como su pierna había sido amputada de golpe… miré al hombre negro y su sonrisa era más amplia aún; mierda, sí, era ÉL!
Grité a mis hombres que se olvidaran de los sectarios y abatieran al hombre negro, que ahora alzaba sus brazos al cielo y cantaba aún más alto… y abrimos fuego, hasta que cayó al suelo… cuando nos estábamos acercando, el cuerpo empezó a hincharse y temblar, hasta que reventó… y de aquella masa informe emergió, ululante, una colosal y desgarradora figura coronada por una especie de espantosa lengua roja… fue horrible intuir que aquella cosa se fijó en mi antes de desaparecer en el cielo sin más.
Dimitri.
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