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“Para John Vansittart Smith era evidente que aquella momia jamás había sido despojada de su vendaje. La operación le interesaba profundamente. La observó con curiosidad y emoción, y su cabeza de pájaro fue alargándose detrás de la puerta. Sin embargo, cuando aquella cabeza de cuatro mil años de antigüedad fue desposeída del último vendaje, el investigador apenas pudo ahogar un grito de asombro. En primer lugar, una cascada de largas trenzas negras y brillantes se derramó sobre las manos y los brazos del manipulador. La segunda vuelta del vendaje descubrió una frente estrecha y blanca, con las cejas delicadamente arqueadas. A la tercera vuelta aparecieron unos ojos luminosos, bordeados de largas pestañas, y una nariz recta, bien perfilada, mientras que la cuarta y última mostró una boca dulce, henchida y sensual, y una barbilla encantadoramente torneada. Todo el rostro era de una belleza extraordinaria, salvo una mancha irregular en el centro de la frente, de color café. Constituía un triunfo del arte de embalsamar. Los ojos de Vansittart Smith se dilataban a medida que la contemplaba y su garganta dejó escapar un gemido de satisfacción.”
El anillo de Thoth, Arthur Conan Doyle.

Susan Van Camp. © 1996 Chaosium.

 
Manufacturer: Grenadier
Serie: Nightmares.
Original name: The Main Monsters. Ref. 604b. [Mirliton NM024]
Painted: April 2010. Scale: 25 mm.
Sculptor: -







Manufacturer: Grenadier.
Serie: Fantasy Classics.
Original name: Mummies. Ref. 306.
Painted: Jun 2008.

Scale: 25 mm.
Sculptor: -

 


 
©2004 Chaosium Inc.
Más allá de las sombras

... Llevábamos varios días trabajando bajo un sol abrasador en el Valle de los Reyes, mezclados entre los integrantes de la expedición anglo-holandesa Bonnett-Van More. Buscaban dar con la tumba de Tutmosis III y, al parecer, lo habían conseguido. Desenterrada la entrada principal, pretendían penetrar en ella al cabo de dos días, cuando llegara la prensa y algunos destacados profesores y arqueólogos desde El Cairo. Nosotros echaríamos un vistazo aquella misma noche.

A pesar el éxito aparente, varios trabajadores habían muerto de manera extraña y muchos habían desertado, dejando semivacíos los barracones. Las supersticiones empezaban a apoderarse del campamento y muchos hablaban de maldiciones en forma de escorpiones, serpientes y perros de arena que atacaban de noche... no creía que Anubis estuviera molesto y nos mandara a sus chacales, pero estaba convencido de que unos cuantos habitantes de las arenas estaban protegiendo algo escondido en aquella tumba.

Por la noche, tras evitar las guardias, llegamos a la entrada y descendimos por el túnel principal con unas pocas antorchas. Humedad, telarañas y murciélagos nos dieron la bienvenida. El pasillo descendía más y más, trayendo consigo una corriente de aire que olía a muerte y hacía danzar las llamas de las antorchas. Llegamos al final del pasillo, dando con la cámara mortuoria; una amplia y lujosa estancia con hileras de columnas y varios sarcófagos, uno de ellos más grande y ornamentado que el resto. Todo hubiera sido normal, de no ser porque los sarcófagos estaban abiertos y vacíos...

Nada más poner el pie en las baldosas bañadas en oro de la cámara, un sonido nos hizo alzar la vista... imponente, sobre su sarcófago, la momia de Tutmosis III se erguía y nos señalaba con el dedo. De pronto, a un grito suyo, cuatro momias ataviadas con armaduras y sus temibles khepesh salieron de las sombras...

Dimitri.

Illustration © Strephon Taylor.
©1996 Chaosium Inc.