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| ©2004 Chaosium Inc. |
| Más allá de las sombras |
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Sobrevolábamos el estrecho de McMurdo en el Polo Sur con la intención de intentar aterrizar en las proximidades del Monte Erebus y acometer su ascensión. Un desierto de hielo y nieve interminable, un región primordial y virgen, como ajena a la existencia de la humanidad, iba a ser nuestra casa durante 4 meses.
El vuelo estaba siendo tranquilo, incluso los perros parecían bastante calmados y el ambiente entre los compañeros de expedición era distendido; la ilusión de llevar a cabo una expedición en la Antártida podía más que todo lo demás. Los motores del Bonet Steel Wings rugían con toda su potencia mientras nos adentrábamos en la Isla de Ross: la imponente silueta del Erebus dominaba el horizonte.
Miraba por una de las ventanillas distraído, con una sonrisa dibujada en los labios, exultante de saberme parte de la expedición. Por el rabillo del ojo me pareció ver que algo sobrevolaba el ala del avión, pero… no, debía ser un efecto óptico. Miré al resto, todo el mundo seguía removiendo sus pertrechos o conversando distendidamente, así que volví a mirar por la ventanilla y, de pronto, un blanco sobrecogedor dominó el paisaje. Había oído hablar de ese efecto, la “blancura total”, cuando se pierde la definición entre el horizonte y la tierra a causa de la blancura de las nubes y la nieve… ya no se veía el Erebus, ya no se veía absolutamente nada!
El avión comenzó a sacudirse y sus motores a ahogarse, sonaban entrecortados, los perros empezaron a ladrar y a aullar, las latas de víveres rodaban por el suelo y algunas mochilas y cajas cayeron de los estantes… me agarré con fuerza a los arneses, intentando ver algo a través del cristal y de nuevo me pareció ver algo volando por debajo de nosotros… la sombra de una especie de toneles cilíndricos alados, con extremidades semejantes a brazos y cabezas en forma de estrella. Pegué mi cara a la ventanilla tratando de adivinar si era real o mi imaginación asustada, pero llegué a contar cinco cosas como aquellas volando en dirección al Erebus…
Dimitri.
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Illustration © James Ryman.
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