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| Más allá de las sombras |
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Informe confidencial:
Meseta de Tsang: un avión nos deja cerca de allí. Según las informaciones del profesor Armitage, una estatuilla del dios Chaugnar Faugn está en manos de los Tcho-Tcho.
Recuperar la figura no resulta demasiado difícil, las armas de fuego hacen bien su trabajo y aquellos adoradores oponen poca resistencia.
Una vez adentrados en la selva, montamos el campamento. Sólo hay que esperar un par de noches a que regrese del avión de transporte y volver a casa con aquella especie de elefante demencial bajo el brazo.
Normalidad y rutina; acotamos un perímetro de seguridad, encendemos una pequeña hoguera entre piedras para iluminarnos y no delatarnos, cena a base de conservas y establecemos los turnos de guardia: Kubiak y Altmeyer harán la primera.
De madrugada, mi instinto me despierta, ya que Kubiak y Altmeyer no lo han hecho. En silencio, mi mano encuentra la “Savage” dentro del saco y despierto, tapándole la boca, a Daigoro.
La hoguera humea apagada… extraño. La luz de la Luna le da al campamento un aire fantasmagórico. Dos siluetas se recortan contra el suelo y el arcón en el que transportábamos la figura está abierto. Daigoro y yo nos acercamos atentos a cualquier movimiento o ruido para comprobar que nuestros compañeros están muertos, más que muertos… están consumidos, como si les hubieran drenado la sangre. No hay rastro de la estatuilla, la selva se la ha llevado.
Honramos y damos sepultura a Kubiak y Altmeyer, apretando los dientes y preparándonos para volver al poblado Tcho-Tcho. No sabemos si el maldito elefante habrá vuelto allí, pero nosotros sí pensamos volver.
Dimitri.
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