since 18.11.2007

Primigenios.com - Home - Chaugnar Faugn
 

The ears were webbed and tentacled, the trunk terminated in a huge flaring disk at least a foot in diameter….Its forelimbs were bent stiffly at the elbow and its hands -it had human hands- rested palms upward on its lap. Its shoulders were broad and square and its breasts and enormous stomach sloped outward, cushioning the trunk.
- Frank Belknap Long, The Horror from the Hills.

Sus extrañas orejas eran palmeadas y con tentáculos, y la trompa terminaba en un gran disco abocinado de al menos 30 centímetros de diámetro [...] Sus extremidades anteriores estaban dobladas rígidamente por los codos, y sus manos -tenía manos humanas- descansaban sobre sus rodillas con las palmas hacia arriba. Sus hombros eran anchos y cuadrados, y sus pechos y su enorme estómago destacaban de manera que la trompa descansaba sobre ellos.
El horror de las colinas, Frank Belknap Long.


Manufacturer: RAFM.
Serie: Call of Cthulhu
Original name: Chauga Faugn. Ref. RAF02960.
Painted: Jul 2009. Scale: 25 mm.
Sculptor: Robert Murch


 
 
 



©2004 Chaosium Inc.
Más allá de las sombras
Informe confidencial:

Meseta de Tsang: un avión nos deja cerca de allí. Según las informaciones del profesor Armitage, una estatuilla del dios Chaugnar Faugn está en manos de los Tcho-Tcho.

Recuperar la figura no resulta demasiado difícil, las armas de fuego hacen bien su trabajo y aquellos adoradores oponen poca resistencia.

Una vez adentrados en la selva, montamos el campamento. Sólo hay que esperar un par de noches a que regrese del avión de transporte y volver a casa con aquella especie de elefante demencial bajo el brazo.

Normalidad y rutina; acotamos un perímetro de seguridad, encendemos una pequeña hoguera entre piedras para iluminarnos y no delatarnos, cena a base de conservas y establecemos los turnos de guardia: Kubiak y Altmeyer harán la primera.

De madrugada, mi instinto me despierta, ya que Kubiak y Altmeyer no lo han hecho. En silencio, mi mano encuentra la “Savage” dentro del saco y despierto, tapándole la boca, a Daigoro.

La hoguera humea apagada… extraño. La luz de la Luna le da al campamento un aire fantasmagórico. Dos siluetas se recortan contra el suelo y el arcón en el que transportábamos la figura está abierto. Daigoro y yo nos acercamos atentos a cualquier movimiento o ruido para comprobar que nuestros compañeros están muertos, más que muertos… están consumidos, como si les hubieran drenado la sangre. No hay rastro de la estatuilla, la selva se la ha llevado.

Honramos y damos sepultura a Kubiak y Altmeyer, apretando los dientes y preparándonos para volver al poblado Tcho-Tcho. No sabemos si el maldito elefante habrá vuelto allí, pero nosotros sí pensamos volver.

Dimitri
.