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Primigenios.com - Home - Balrog of Moria

"Las filas de los orcos se habían abierto, y retrocedían como si ellos mismos estuviesen asustados. Algo asomaba detrás de los orcos. No se alcanzaba a ver lo que era; parecía una gran sombra, y en medio de esa sombra había una forma oscura, quizá una forma de hombre, pero más grande, y en esa sombra había un poder y un terror que iban delante de ella. Llegó al borde del fuego y la luz se apagó como detrás de una nube. Luego, y con un salto, la sombra pasó por encima de la grieta. Las llamas subieron rugiendo a darle la bienvenida, y se retorcieron alrededor; y un humo negro giró en el aire. Las crines flotantes de la sombra se encendieron y ardieron detrás. En la mano derecha llevaba una hoja como una penetrante lengua de fuego y en la mano izquierda empuñaba un látigo de muchas colas.
-¡Ay, ay! -se quejó Legolas-. ¡Un Balrog! ¡Ha venido un Balrog!
Illustration © John Howe.1995.The Bridge of Khazad-dum.
Gimli miraba con los ojos muy abiertos.
-¡El Daño de Durin! -gritó y dejando caer el hacha se cubrió la cara con las manos.
-Un Balrog -murmuró Gandalf-. Ahora entiendo. -Trastabilló y se apoyó pesadamente en la vara.- ¡Qué mala suerte! Y estoy tan cansado...
La figura oscura de estela de fuego corrió hacia ellos. Los orcos aullaron y se desplomaron sobre las losas que servían como puentes. Boromir alzó entonces el cuerno y sopló. El desafío resonó y rugió como el grito de muchas gargantas bajo la bóveda cavernosa. Los orcos titubearon un momento y la sombra ardiente se detuvo. En seguida los ecos murieron, como una llama apagada por el soplo de un viento oscuro, y el enemigo avanzó otra vez.
-¡Por el puente! -gritó Gandalf, recurriendo a todas sus fuerzas-. ¡Huid! Es un enemigo que supera todos vuestros poderes. Yo le cerraré aquí el paso. ¡Huid!

El Puente de Khazad-dûm (El Señor de los Anillos), J.R.R.Tolkien.

Manufacturer: Mithril.
Serie: Mithril 32mm Boxed Sets.
Original The Balrog of Moria. Order nº: MB 300.
Designed by: Chris Tubb.

Painted: August - November 2008.
Scale: 32 mm. Height: 110 mm. Width: 80 mm.



 
 
 

Abrí de nuevo los ojos, llorosos por la humareda y el calor, un pegajoso olor a azufre envolvía el aire de un cielo tormentoso y negro. Casi todo parecía estático, como paralizado en el tiempo y durante unos instantes no oí nada. Intenté ver algo y poco a poco, entre el humo y la lluvia persistente, divisé sombras y escuché el canto del acero mezclado con los gritos de los hombres…

Al intentar incorporarme, un agudo dolor en el costado me devolvió la memoria. La cabeza también me zumbaba. Con la mano busqué alguna señal en la armadura, un buen golpe había hundido una parte y, seguramente, me había roto alguna costilla. Tenía suerte de seguir vivo… porque entre todo aquel caos, una silueta rojiza y brillante se alzaba como un coloso, haciendo restallar su látigo contra el suelo y blandiendo su espada llameante contra todo aquel que osara acercarse.

Busqué a tientas a Colmillo Desgarrador y encontré mi mandoble a mi lado, esperándome para volver a cargar. Me levanté como pude, cogí uno de los escudos que estaban tirados por el suelo y caminé hacia la muerte. Por el camino, el calor aumentaba y algunos hombres salían despedidos por el aire, como lanzados por catapultas. La sangre se mezclaba con la lluvia, la tierra estaba roja como un cenagal ensangrentado.

Allí estaba, con hombres caídos y chamuscados a sus pies. Siempre entre llamas, como si su carne fuera lava, agitó el látigo ante los pocos hombres asustados que intentaban detenerlo con lanzas y los hizo retroceder. La defensa de Torreón del Cernícalo no podía ceder, porque detrás de nosotros, los muros de Cima de Halcones sólo contaban con una pequeña guarnición que no resistiría. Teníamos que detenerlo como fuera!

Cerré los dedos entorno a la empuñadura de Colmillo Desgarrador y salté entre los hombres para enfrentarme a su estocada llameante. Su acero chocó con el mío, un beso ardiente como el Infierno, no perdí el equilibrio y aguanté como pude la embestida. Y entre el humo… apareció su cara, os cuernos candentes coronaban su cabeza, su silueta se recortaba en una cortina de vapor y fuego. Dos ojos volcánicos se clavaron en los míos. Su boca se torció en un gesto y una risa surgida del Averno fue lo último que escuché antes de escupirle a la cara y atacar de nuevo…

Dimitri.


Illustration © John Howe.1989. Glorfindel and the Balrog.